La buena salud mental comprende la interacción de los sistemas psicológico, biológico, fisiológico, social y cultural. Suele considerarse como la capacidad de enfrentar las circunstancias ordinarias que la gente encuentra en su vida cotidiana personal, profesional y social. Sin embargo, las ideas sobre lo que constituye la buena salud mental varían de una cultura a otra y de un tiempo a otro. La conducta que en una cultura se considera insensata, en otra puede calificarla como mera excentricidad o hasta inspiración divina. En algunas culturas, a un individuo se le puede clasificar como enfermo mental si éste expresa con persistencia su desacuerdo con las autoridades religiosas o políticas. Asimismo, diferirán las ideas sobre lo que constituye un tratamiento adecuado para los diferentes estados mentales. La evidencia de cierto pensamiento anormal que pudiera ser castigado deliberadamente en una cultura, podría ser tratado en otras culturas por medio de participación social, aislamiento, apoyo social incrementado, oraciones, entrevistas prolongadas o procedimientos médicos.

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